Abril 10, 2007

Marilyn Manson, el sagrado corazón

TEMPESTAD DE BENDICIONES

MANSON SE DISPARA UNO DE SUS MEJORES DISCOS EN AÑOS. CON LA PÓLVORA DE SU RUPTURA MARITALEN EL TAMBOR (Y EL ACEITE DE UNA NUEVA RELACIÓN SENTIMENTAL LUBRICANDO EL GATILLO), EL REVERENDO HACE DETONAR UNA GRABACIÓN RENEGRIDA Y LÚCIDA, “EAT ME DRINK ME” A MEDIO CAMINO ENTRE EL MÉTODO HIPNOPÉDICO Y LA POSTULACIÓN A ÁLBUM DEL AÑO.

 

mmansonSino álbum, entonces canción, porque sería suicida obviar a “Heart-Shaped Glasses (When The Heart Guides The Hand)” de la lista de las mejores del 2007. El primer single promocional del nuevo y sexto álbum oficial de estudio de Marilyn Manson, a su modo, nos remite al desgarramiento emocional y rabioso del “Heart-Shaped Box” de Nirvana, pero al mismo tiempo se opone a ser un remedo. Es el sonido incidental de una cajita de música recién salida de un oscuro templo ceremonial de repostería.

Un rocío cayendo sobre un teclado minúsculo que se contrapone al marcial redoble de la batería y a la agonizante voz de Manson, “Heart-Shaped Glasses (When the Heart Guides the Hand)” está acompañada por otras canciones redondas y de guitarras beligerantes (como Manson nunca tuvo en otros discos que no fueran Antichrist Superstar y Mechanical Animals), supeditadas a los antojos de un divo neo glam que en este resplandecido “Eat Me, Drink Me” padeció los sinsabores del amor).

The Red Carpet Grave” y “Just A Car Crash Away” son, por ejemplo, otros dos temas imperdibles en el nuevo capítulo discográfico del Reverendo (el segundo es impecable), con connotaciones sobre su ruptura marital y su nueva incursión sentimental que, de no ser por la musicalidad tan aberrante y bondadosa que las circunda, podrían calar en el egocentrismo y lo pretencioso. Pero no. Su sonido desafiante proviene de la mesa donde Marilyn Manson se sacó el corazón y puso sus tripas para el escarnio público de la última etapa personal de su vida, ya cercana a los 40.

Una edad romántica para el artista norteamericano, que en “Eat Me, Drink Me” serpenteó producción, percusión y voz (mientras que Tim Skold, ex KMFDM, arrastró guitarra, bajo y teclados). Melódico y de anhelos tempestuosos, Manson se pone sobre el pecho una de las bendiciones y grabaciones más personales de toda su carrera, y se reviste como alguien voluminoso que no encaja ni en sus propias depresiones.

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