El Último Rey de Escocia
Todo comienza cuando el doctor escocés Nicholas Garrigan (James McAvoy), recién salido de la facultad de medicina, llega a Uganda, buscando emociones, mediante su iniciativa por ayudar a un país que necesita realmente sus habilidades y conocimientos como médico. Poco después de su llegada, Garrigan es llamado a la escena de un raro accidente: Idi Amín (Forest Whitaker), el nuevo líder del país, ha chocado contra una desventurada vaca. A partir de ese momento, Garrigan impresiona a Amín por su sincera franqueza e irreverente -o quizá- irresponsable actitud, más que por sus habilidades como médico. Es entonces, cuando Amín le ofrece a éste aventurero doctor un trabajo como médico personal. Ante ésta oferta tan increíble Garrigan decide aceptarla, sin darse cuenta de que su vida se involucraría notoriamente en uno de los más terribles regímenes del terror de África.
El doctorcito Garrigan se deja seducir por la personalidad afable y los regalos de su amigo el presidente, lo mismo que por una de sus esposas con la que se involucra sentimentalmente (o mejor… sexualmente) este hecho y muchos otros que creyó insignificantes, se le vienen encima despertándolo del sueño de poder en el que estaba inmerso y viéndose realmente como lo veían los habitantes de Uganda: un “Mono blanco”.
La cinta nos muestra la vida del dictador desde una perspectiva mucho más personal, tal vez, la de un hombre enfermo y de mente distorsionada que al llegar al poder gracias a la intervención de los Británicos, se desprende de toda realidad, cambia de norte, y antes que ayudar a su pueblo se dedica a matarlo y se auto proclama El último Rey de Escocia. Un hombre al que no le importaba matar indiscriminadamente, una bestia sedienta de sangre.
Garrigan se convierte en el confidente, asesor y brazo derecho del dictador, quien lo lleva a presenciar eventos cada vez más perturbadores —secuestros, asesinatos y actos atroces, de las que él mismo podría ser cómplice. Atrapado en el abismo moral de la megalomanía asesina de Amin, Garrigan casi pierde su alma. Pero cuando finalmente intenta ponerle fin a la demencia, acaba en una lucha desesperada de supervivencia.
Una soberbia actuación de Forest Whitaker, quien realmente se apoderó del papel del dictador, tanto que, está nominado al Oscar y ya se ganó un globo de oro. James McAvoy se despeña por igual presentándonos un fresco e irresponsable joven, que al final termina llegando a la madurez superando una gran prueba de dolor y armándose de mucha valentía.
